Día 8 – Llegamos a la isla norte (y dormimos sin pagar la cuenta)

De Picton a Ohakune

 

Luego del tenso episodio de anoche, cuando ingresamos clandestinamente al camping, le contagié mi histeria y nervios a Griselda. Durante la madrugada se despertó (y me despertó) varias veces por miedo a dormirse y que el guardián del camping nos sorprendiera con las manos en la masa o, mejor dicho, con la cabeza en la almohada.

Dormimos gratis pero dormimos mal. Lo que ahorramos en la billetera lo pagamos con el cuerpo. Y es lógico, al igual que los neozelandeses, nosotros tampoco tenemos por costumbre romper las reglas. Por eso sostengo que si realmente queremos beber de su cultura, no es buena idea sacar a relucir esas mañas que se archivan bajo la etiqueta “viveza criolla”.

A las seis y cuarto nos levantamos y les avisamos a Virginia y Rafa que estábamos prontos para emprender la retirada.

Mientras salimos del camping, y hasta que llegamos al parking de “las cuatro horas”, ellos aprovecharon un rato más de sueño durmiendo en la claustrofóbica cama de arriba.

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Para subir al Interislander, los vehículos se organizan según su tipo. Los automóviles hacen una fila, las motos otra, los camiones otra y las motorhomes una o más dependiendo de la cantidad. Hoy este tipo era el más numeroso así que habían dos filas.

Fila de motorhome para subir al Interislander
Fila de motorhome para subir al Interislander

Con toda la cantidad de vehículos que carga basta para esbozar una aproximación de las dimensiones de este buque, que zarpó a las once y cuarto de la mañana de Picton y arribó a las tres menos cuarto de la tarde al puerto de Wellington en la isla norte.

Durante el viaje aprovechamos la conexión intermitente al wifi del barco. Dormitamos otro poco y comimos un poco más. Como olvidé mi kindle en la motorhome (y durante el viaje no se puede bajar al estacionamiento), no pude comenzar la lectura de Underground de Murakami que trata sobre los atentados con gas sarín en el metro de Tokyo (y me gustaría leerlo antes de nuestra llegada a Japón).

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La salida del buque en el puerto de Wellington fue ágil. Como estamos a siete de marzo y el diez tenemos que tomar el vuelo a Sydney desde Auckland, decidimos no recorrer la ciudad capital y continuar camino rumbo al norte.

Al tratarse de una ciudad, el tráfico fue mucho más agitado de lo que vimos en los pueblos del sur, incluso más intenso y veloz que en Nelson. Por esta razón la salida de Wellington resultó lenta.

Como ya eran tres y pico de la tarde, nos detuvimos en un parque a dos cuadras de la ruta, para almorzar. En realidad estaba catalogado como “parque” en maps.me pero cuando llegamos vimos que eran varias canchas de rugby y cricket con un estacionamiento amplio donde habían casi diez campers aparcadas.

Wellington desde el Interislander
Wellington desde el Interislander

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El guiso nos viene salvando la cabeza (el estómago). Incluso está cada vez más sabroso (a pesar del gusto dulce que aparece en algunas cucharadas y no sabemos muy bien a qué ingrediente corresponde).

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Las carreteras hacia el norte son similares a las uruguayas, tanto por el estado de su pavimento como por los paisajes con praderas que mezclan verdes y amarillos en penillanuras en contraste con las montañas que dominaban la geografía de la isla sur.

Y la otra innovación en este paisaje carretero fueron los camiones. Son abundantes y sus cargas varían con una frecuencia altísima. Transportan desde troncos enormes a containers refrigerados y desde maquinaria vial a semirremolques con doble zorra de carga no identificada.

A causa de todo ese tráfico, el pavimento tiene surcos que hacen perder estabilidad a la motorhome. En la isla sur no teníamos mayores dificultades cuando alcanzábamos cien kilómetros por hora. Aquí la estabilidad es mínima y si llegamos esa velocidad, el esfuerzo para controlarla es altísimo.

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Si bien lo ideal era llegar a Taupo ese mismo día, sabíamos que era un reto difícil porque teníamos que recorrer una buena cantidad de kilómetros. Así que buscamos un punto intermedio.

Por todo el tráfico que veíamos en la ruta, estimamos que no sería sencillo encontrar estacionamiento. Quizás porque esta isla apuesta más a la producción que al turismo, nos resultó bastante complicado dar con un camping.

Para encontrarlo nos desviamos de la SH1 (State Highway 1) que iba directo a Taupo, y tomamos hacia el oeste por la SH49 hasta llegar a Ohakune, donde maps.me anunciaba un holiday park de la cadena Top Ten.

Cuando llegamos, pasadas las nueve y después de doscientos noventa kilómetros, la recepción del lugar estaba cerrada y en la puerta un cartel decía “si llega después de hora, instale su camper y pague a la salida”. A esta altura ya cualquiera puede imaginar cuál fue nuestra reacción, pero por las dudas: elegimos el powered site, nos bañamos, Rafa preparó unos chivitos para cenar y después a la cama para levantarnos al amanecer.

Claro, los chiquilines ahora preguntan porqué disfruto la ducha caliente sin culpa, sabiendo que tenemos la intención de irnos sin pagar. Lo que trato de explicar es que el cansancio le gana a la culpa (y además no hubo premeditación).

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