Día 79 – Taxis en Bangkok

Llegamos a Bangkok, un domingo de mañana, vía aeropuerto Suvarnabhumi y tomamos un taxi hasta el hotel, ubicado en el distrito Phra Khanong. Para completar ese recorrido, de unos veintinueve kilómetros, demoramos casi cincuenta minutos. Así descubrimos que esta ciudad, aunque con generosas autopistas, se caracteriza por sus semáforos de espera larga y su tránsito apretado y denso.

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Al salir del aeropuerto buscamos la parada de taxis porque, según la experiencia de amigos y otros blogueros, este es el medio de transporte más adecuado para moverse en Bangkok. Ya en la parada, presionamos un botón para que nos indicara cuál era el número de taxi que nos correspondía. Este es un punto que habla a favor de la organización de los taxistas del aeropuerto. Ellos esperan hasta que el pasajero los convoque con ese “timbrazo”.

El taxista que nos tocó era veterano y no hablaba inglés. Luego de subir las maletas al baúl del vehículo y ubicarnos en el asiento trasero, le mostramos el celular con la dirección del hostel. Pero eso no le fue suficiente y comenzó a pedirnos el número de teléfono. Cosa que nos desorientó. No esperábamos que el teléfono del hostel fuese un requisito necesario para llevarnos a destino.

Primero dudamos si pasárselo o no. Luego pensamos que era un taxi oficial y estaba en la parada del aeropuerto así que buscamos el dato en la reserva del hostel y le volvimos a mostrar el celular.

[Días después, cuando salimos a recorrer Bangkok con Lek, la dueña del hostel, confirmaríamos que la práctica de los taxistas, de llamar por teléfono al lugar donde se dirigen, es casi tan común como pasear a los turistas para que estos paguen algunos baths de más.]

El conductor intentó comunicarse tres o cuatro veces con el número que le mostramos pero no tuvo suerte. De todas maneras, luego de dos peajes, varios atascos y cincuenta minutos de viaje, llegamos al Better Bed Hostel.

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Dicen los que saben que, cuando no hay timo de por medio, el taxista activa el marcador y los kilómetros empiezan a contar desde cero. Al pagarse por distancia recorrida y no por tiempo transcurrido, las fichas caen sólo cuando el vehículo está en movimiento*.

Muchos sostienen que éste es el mejor medio para moverse por la capital tailandesa. Pero, por el momento y según indica nuestra corta experiencia, sólo podemos decir que si bien no es caro, en horas de mucho tráfico tal vez sea la opción más lenta.

Respecto al costo, desde el aeropuerto pagamos menos de 400 baths y para volver desde Khaosan Road, la calle más activa de la noche bangkonesa, por un trayecto de trece kilómetros, pagamos 120.

Como apunte secundario se puede anotar que los taxistas prefieren los viajes cortos (quizás porque en las distancias largas la pérdida de tiempo les resulta mayor que la ganancia por distancia recorrida) y que, al menos las cinco veces que lo usamos (entre ayer y hoy), ninguno de los choferes hablaba inglés (por eso es conveniente subir con un GPS, un mapa o desempeñarse muy bien con algún sistema de señas).

También agregan, aquellos que saben, que muchos conductores llegan a Bangkok a buscar trabajo y, en su necesidad, lo que hacen es contratar el coche por día. Entonces, para ellos, es muy difícil conocer todo el entramado de las calles y autopistas de la ciudad pues no es su trabajo permanente.

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La mala experiencia llegó cuando, a horas de nuestro primer viaje desde el aeropuerto y después de parar a varios taxistas que se negaron a llevarnos, quisimos ir hasta el mercado flotante Khlong Lat Mayom y el taxista primero nos llevó hasta el Gran Palacio donde le preguntó a un policía cómo llegar hasta Khlong Lat Mayom (al menos eso es lo que suponemos) y luego, en dos oportunidades, se desvió de la ruta marcada por nuestro GPS (o dispositivo de navegación, más conocido como iPhone).

A tres kilómetros del destino intentó desviarse por tercera vez, y ahí decidimos bajarnos y saludarlo con un irónico y,aunque sonriente, poco diplomático : “¡gracias por tu ayuda, chofer del orto!”. Él, que como ya anticipé no hablaba inglés (y mucho menos español), se sonrió ante nuestro enojo mientras conversaba tranquilamente por su teléfono móvil. Cerramos la puerta con un golpe seco y no nos quedó otra que patear los kilómetros que faltaban bajo un sol intenso.

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Ahora, con esos dos ejemplos esbozamos groseramente el perfil de los taxistas en Bangkok: tienen apenas un dominio mínimo del idioma inglés**, no manejan con fluidez el GPS (o instrumentos análogos), tienen aversión a los “viajes largos” y acostumbran llamar telefónicamente al domicilio destino para chequear vías de llegada.

Aún no probamos suerte con los tuk-tuk así que no podremos trazar ningún perfil en ese caso. Sin embargo, ya tenemos una referencia de precio: nos pidieron entre 100 y 150 baths por recorridos menores a tres kilómetros (desde donde nos dejó el taxista hasta el mercado flotante).

En cuanto a las otras opciones de transporte, vale comentar que el pase por el día en el Skytrain cuesta 140 baths aunque su alcance está limitado a determinadas zonas (cuenta con dos líneas aunque se puede conectar con la línea de metro) y para llegar a algunos sitios turísticos también es necesario combinarlo con el transporte acuático (taxiboat o barcos).

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Redondeando el post: hasta el momento y como ocurre casi siempre, la opción que preferimos es “la combinada”. Acercarnos por Metro o Skytrain hasta la zona destino y desde allí tomar taxi hasta, previa llamada telefónica, llegar al punto específico.

 

* A la fecha de este post, la bajada de bandera cuesta 35 baths, una cifra muy cercana al dólar.

** Actividad didáctica: ¿qué idiomas hablan los taxistas de tu ciudad? Por favor, comente.

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