Dia 4 – Un glaciar de lejos no es glaciar

De Wanaka a Franz Josef

 

Hoy también nos levantamos al amanecer. Aprovechamos la primera luz del día para tomar unas fotos en el lago Wanaka. Pero cuando volvimos a la camioneta, luego de probar con Rafa distintas variaciones de velocidad de obturación, ISO y abertura de diafragma en su cámara, encontramos que teníamos una multa de doscientos dólares nz enganchada en el limpiaparabrisas.

No podíamos estacionar donde estacionamos. Confiamos en la palabra de un alemán que encontramos al llegar al lago. Le preguntamos si estaba todo bien con estacionar ahí (así nos ahorrábamos pagar el estacionamiento en un holiday park) y respondió que era ilegal pero él estaba allí desde la noche anterior y no lo habían multado. Pero la tercera es la vencida, dicen.

Luego de descargarnos la calentura con alguna puteada al alemán y otras al municipio, comenzamos el recorrido rumbo a los glaciares Fox y Frank Joseph.

Antes de salir del pueblo Wanaka paramos en una estación de servicio para llenar al tanque. Vaya a saber porqué razón, cuando estábamos cargando el combustible a un metro del surtidor, a Virginia se le ocurrió encender un fósforo argumentando que disfrutaba mucho el olor que se genera cuando arde. En ese momento no reaccioné pero cuando Rafa volvió a la motorhome y se encontró con el fósforo ardiendo gritó asustado y Virginia tiró

Agua cristalina en las Blue Pool
Agua cristalina en las Blue Pool

el fósforo a la pileta. Por cuestiones que aún no se explican nos salvamos de encontrar una muerte explosiva.

Luego del incidente en la estación de servicio (del cual salimos con vida) continuamos rumbo a los glaciares haciendo dos paradas intermedias. La primera fue en las Blue Pool. Allí estuvimos unos minutos disfrutando la belleza del lugar con sus aguas cristalinas corriendo sobre rocas pulidas. Esas rocas tienen formas aplanadas y la gente que para ahí aprovecha para jugar y armar torres de piedras.

 

Torres de piedras en las Blue Pool
Torres de piedras en las Blue Pool

 

La siguiente parada fue para almorzar, en el lago Paringa. Allí encontramos también un paisaje hermoso. Aún no logro encontrar palabras para acercar una buena descripción de lo que veo sin que suene redundante. Nueva Zelanda es una colección de paisajes hermosos, sin excepciones.

El punto negativo, tanto en las Blue Pool como en el Lago Paringa que impidió un almuerzo cómodo a la sombra de los árboles con vista al lago, fue la cantidad de mosquitos que insistían con picarnos y llevarse un poco de sangre.

A medida que esa escena se repite, nos damos cuenta que en las zonas cercanas a los lagos existen enormes poblaciones de insectos que tienen por costumbre entrometerse con la piel de los turistas.

Comimos el guiso (sí, el guiso tiene un lugar fijo en la motorhome) sin abrir siquiera las ventanas, lavé la vajilla y volvimos a la ruta.

Los glaciares están sobre la costa oeste, donde la escenografía de las carreteras es de vegetación frondosa y tupida. Los microclimas y ecosistemas son distintos a los que vimos en la parte sur. En esta región se impone el color verde cubriendo laderas de montañas y colinas pronunciadas, ya no se observan las rocas desnudas.

Vegetación sobre la costa oeste
Vegetación sobre la costa oeste

En cada entrada a los glaciares se forman pequeños pueblos con un supermercado, varios bares y oficinas de turismo donde se pueden contratar desde excursiones en helicópteros para llegar a pisar el hielo glaciar hasta saltos en paracaídas.

Nosotros optamos por no pagar ninguno de esos paseos y nos tuvimos que conformar con una vista a cientos de metros del hielo.

Con un trekking de un kilómetro y algo se llega al punto de observación del glaciar Fox. Nosotros fuimos en un día nublado (da la impresión de que en esa zona las nubes se apoderan del cielo) y con una garúa muy fina. El sendero se camina con facilidad y solo en algunos tramos implica esfuerzos mayores.

Sendero rumbo al mirador del glaciar Fox
Sendero rumbo al mirador del glaciar Fox

Lo que se ve desde ahí no tiene nada de impresionante. El color blanquecino del hielo se cubre parcialmente con tierras y rocas por lo que no queda totalmente en evidencia. Para Rafa, por ejemplo, esa vista fue decepcionante. Pero ninguno de nosotros estaba dispuesto a pagar más de cien dólares por caminar un rato en el hielo del Fox.

Vista del Glaciar Fox
Vista del Glaciar Fox

Luego continuamos camino rumbo al glaciar Franz Joseph. En este caso no recorrimos el sendero para llegar al mirador. Probablemente la vista iba a ser similar a la del Fox, así que continuamos hacia el pueblo que lleva el nombre del glaciar.

Primero buscamos un lugar para estacionar la motorhome durante la noche. Conseguimos uno a cincuenta y cinco dólares y aceptamos la oferta. El precio promedio que nos cobran por ser cuatro adultos es de ochenta y cinco. Pero en este caso, a pesar de ser un destino decididamente turístico, nos cobraron treinta dólares menos.

Al quedar cerca del glaciar, se podría decir que es un pueblo de alpinistas. Con una oferta enfocada a estos deportistas.

Se hizo la noche y luego de una ducha caliente en las instalaciones del camping, fuimos hasta uno de los boliches que aún estaba abierto. Cuando entramos descubrimos que en ese lugar se concentraba toda la fiesta del pueblo.

Una de las mesas estaba colmada de ingleses, serían unos diecisiete. Todos sus juegos implicaban prendas y todas las prendas derivaban en hacer “fondo blanco” con una jarra de cerveza (de litro) mientras al unísono gritaban “ialeeeee” para alentar al bebedor de turno. Contamos más de veinte jarras en la mesa y uno de ellos llegó a tomar tres jarras y mantenerse en pie. Evidentemente la cerveza de aquí tiene ingredientes menos ofensivos para el organismo de las que tomamos en Uruguay.

Para nosotros la noche se terminó cuando llegamos a la jarra número cuatro. Había que cuidar el presupuesto y levantarse temprano para continuar la ruta.

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