Día 207 – Esperanza

Esperanza nació en Albania. No habla inglés. Tampoco español. Además de su lengua materna sólo maneja algunas palabras en italiano. Las básicas para permitirnos conocer algunas cosas de su vida. “Capito”, “fredo”, y así. Emigró a Hungría a causa de la guerra de Kosovo (aunque las razones exactas nunca nos quedaron claras). Aunque ahora se encarga de las tareas domésticas del hostel donde pasamos nuestras noches en Budapest, mantiene la pasión por su oficio de costurera. Diseñó trajes para políticos de su país natal y llevó sus hilos y agujas por trajes de alta costura que luego se vendieron a marcas de fama mundial. Si bien su tono de voz es suave, lo modula con sabiduría cargando en sus palabras variedad de expresiones. La calidez de su trato es igual o superior a la evidente transparencia que asalta su mirada. Siempre estuvo pendiente de invitarnos con café por la mañana o de ayudarnos con el lavado de la ropa sucia. Así se alejó del rol de doméstica para acercarse a la figura de madre. Son varios sus gestos a destacar. Por ejemplo uno, cuando un borracho intentó complicar una noche tranquila nos refugió en su pequeña habitación con pinceladas de altillo, donde ahora, en apenas seis metros cuadrados, convive junto a montón de enseres que junto a ella emigraron de su hogar en Albania. Así vive ella. Con su máquina de coser escondida en un rincón. Con la humildad de alguien que supo encontrar la riqueza en las pequeñas cosas. Y con la tranquilidad de quienes saben honrar su nombre y arrojar luz con la mirada.

Esperanza

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