Día 132 – Mientras en Tel Aviv

Mientras en Tel Aviv un judío jubilado se ducha bajo los chorros dispuestos en la arena de la playa para que, cuando él tire de la cadena, caiga agua dulce y le quite el salitre del cuerpo; en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén cinco o seis judíos ortodoxos con pantalón, sombrero y saco negro, camisa blanca y rulos cayendo de sus sienes, se toman de las manos y giran en rueda al tiempo que alaban a ese dios que todo lo sabe, todo lo ve y todo lo puede.

Mientras en Tel Aviv israelitas y extranjeras calientan las arenas de la playa con el poder soberano de ubres apenas cubiertas con dos o tres centímetros de tela, en la Vía Dolorosa de la parte más vieja de Jerusalén, una mujer musulmana esconde el cabello bajo un hiyab para resguardar su belleza en las fronteras de su matrimonio.

Mientras en Tel Aviv los baños de las discotecas albergan a jovencitos que transforman sus primeros shekels en drogas de alta calidad y las barras de esos mismos boliches sirven copas que muchachas rubias eslavas trasiegan de boca en boca con excitantes besos lésbicos, a esa misma hora, en un kibutz de Nazaret, se levanta Jacob o Abraham para inaugurar la madrugada con el ordeñe de las cien vacas que transforman pasto en leche.

Mientras en Tel Aviv se acumula el dinero, que ingresa a través de las diversificadas arcas de los bancos judíos y de los servicios consumidos por los turistas con ganas de remojar el cuerpo en las olas mediterráneas y por la tecnología de punta que Intel exporta desde ésta ciudad para todo el mundo; en Belén un puñado de palestinos esperan con ansias los ómnibus turísticos para vender diez, once o doce rosarios que, según ellos, están tallados a mano en madera de olivos.

Mientras en Tel Aviv el servicio militar obliga a los adolescentes a convertirse en soldados, en la Franja de Gaza la milicia fundamentalista de Hamás cultiva terroristas para que después de muertos vayan con Alá.

Mientras en Tel Aviv los turistas alquilan bicicletas por menos de veinte shekels al día, en el Mar Muerto otros turistas bicicletean con el cuerpo en el agua porque allí, con ese treinta y pico por ciento de salinidad, la única opción es flotar.

Mientras en Tel Aviv hay machos metrosexuales frotándose los cuerpos de músculos marcados con crema post-solar, en ese mismo Tel Aviv, hay bebedores de cerveza Tuborg que nos protegemos del sol bajo la sombra de nuestras panzas.

Y mientras en Tel Aviv el sol se pone dejando durante varios minutos una penumbra azulada en el horizonte del Mediterráneo y la noche se despierta para que las discotecas abran las puertas, yo me pregunto: ¿qué carajo hago escribiendo este texto?*

* Mentira, este texto se escribió en la primera noche de Estambul pues me resultó casi imposible concentrarme en la ciudad más exultante y jovial de Israel.

 

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