Día 11 – Sydney: ciudad de murciélagos y calles en repecho

Hola Sydney

Son las seis menos veinte de la mañana en Sydney. En la habitación del hostel es imposible dormir porque el termómetro marca más de treinta grados y el aire está viciado a pesar de que las ventanas tienen los postigos abiertos.

El hostel se llama Nate’s Place Backpackers y es un hormiguero atestado de mochileros. Está ubicado en la esquina de las calles William y Bourke. En los pasillos el bullicio es continuo. Supongo que la ubicación es buena porque hay muchos bares por la zona, también está cerca de Oxford St. (la calle dominada por la comunidad gay) y a media hora caminando del Opera House.

En el primer piso está la recepción del hostel y la cocina. Ambas cerradas porque abren a las ocho de la mañana. Un piso más arriba están los baños y en el piso siguiente los dormitorios. Nuestro dormitorio tiene dos ventiladores de techo y doce camas. Allí hay mochileros de Noruega, Inglaterra, Alemania y Francia.

Uno de ellos duerme desnudo. Una de las tantas veces que desperté, a causa del calor, lo vi trepar por la escalera de su cucheta con el culo blanco al aire. Qué poco pudor, amigo.

Aquí en la TV Room hay un ventilador de pie y el aire circula un poco más. En la sala, a mi espalda, hay dos enormes futones enfrentados a una televisión LED que está entre las 48 y las 70 pulgadas, tamaño Sydney.

En esta primera noche no tuve tiempo para mucho. Sólo puedo hablar de los murciélagos que surcan el cielo sin pausa y chillan colgados cabeza abajo en las ramas de los árboles del jardín botánico. Como todo en esta ciudad, estos especímenes son enormes y cuando despliegan alas llegan a casi un metro de ancho. Todas las películas de Batman deberían comenzar en Sydney.

En el primer paseo descubrimos también que esta es una ciudad construída en repecho. Todas las calles están en subida. Sydney no se camina, se trepa. Incluso cuando por esas casualidades encontrás una calle en bajada, hay que ensayar descensos que demandan mucha fuerza porque las pendientes son empinadas. Primera conclusión: para disfrutar la ciudad hay que tener buenas pantorrillas.

Desde las pequeñas penínsulas que penetran la bahía tomamos algunas fotos nocturnas del Opera House. Luego continuamos caminando hasta llegar a un parque y nos encontramos con el festival Spectrum NOW. Tocaba la banda The Pigs, hacen música folk y country con violín, banjo, mandolina, acordeón, bajo, guitarra y percusión. Mezclaban temas propios con versiones de canciones ajenas. Por ejemplo versionaron Creep de Radiohead y lograron que el público (no más de cien personas) se unieran a corear en el estribillo.

The Pigs en el Spectrum NOW Festival
The Pigs en el Spectrum NOW Festival

Desde donde estábamos viendo el espectáculo, tirados en el pasto, podíamos ver el logo de Westfield que ilumina en lo alto el mirador de la Sydney Tower.

Cuando terminaron de tocar, y luego de tomar un par de cervezas artesanales y comer un plato de comida surcoreana (muy similar a un gramajo pero más picante), retomamos la caminata hasta el Opera House.

Primeras cervezas artesanales en Sydney
Primeras cervezas artesanales en Sydney

Habíamos llegado al primer edificio emblemático de nuestro viaje. Sentí una sensación similar a cuando viajé a París y caminando a orillas del Sena divisé el vértice de la Torre Eiffel. O cuando llegué a Barcelona y al girar por una esquina encontré la majestuosa Sagrada Familia.

Hordas de transeúntes infestaban las escaleras. Se escuchaban idioma y acentos de todos lados. Las pasarelas con bares y cafés estaban atestadas de turistas. Había gente a la izquierda, a la derecha, arriba y abajo.

Opera House desde el jardín botánico
Opera House desde el jardín botánico

En estas primeras horas encuentro que aquí todo es “a lo grande”. Las calles, los edificios oficiales, los murciélagos, los cupcakes, los trenes con dos pisos, todo es gigante.

Mi sensación ahora combina insomnio, euforia y cansancio. No son las mejores condiciones para escribir, me vuelvo a la habitación. Hasta mañana.

Comentarios

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *